Borrado de penas antes de dormirme

Noté una calma repentina y un leve apretón en el hombro izquierdo. Recuerdo que estaba muy triste y demasiado cansada, pero cuando sentí la presión en mi lado izquierdo todo se pasó y pude dormir.

No soñé con nada, pero cuando desperté, tuve la certeza de que me habías visitado – aunque tú ya no estás y eso parece imposible – para quitarme toda la pena y dejarme descansar.

Cuando cuento esta historia me dicen que estoy loca, que me lo he imaginado o que fue sugestión – el cerebro percibe lo que quiere percibir – pero a mí no me convencen.

Me convencen el toque ligero y la calma absoluta; el borrado de penas antes de dormirme.

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Viajes temporales nocturnos

Soy la maestra de las oportunidades perdidas. Todos los trenes que ya han pasado llevan un asiento a mi nombre.

Muchas veces me arrepiento de dejarlos ir y pienso en intentar retroceder en el tiempo. Como es físicamente imposible, vuelvo atrás en mis pensamientos; en viajes mentales por odiseas de recuerdos.

Y voy recordando todo lo que hice y lo que no dije a tiempo. Trato de arreglarlo ahora aunque ya sea tarde y a ti no te importe, creyendo que así la próxima vez que tenga que decidir si subir al tren o no, una voz vendrá desde lo más profundo de mis entrañas y me gritará lo que tengo que decir.

Será la voz de la experiencia, curtida en innumerables viajes temporales nocturnos.

La Pareja Tóxica

“Ultimamente me encuentro muy bien. Estoy contenta con lo que hago y por lo menos mantengo la cabeza ocupada. Pero no consigo sacar de mi cabeza esa pequeña voz que me dice que no sirve de nada”

Supongo que todos tenemos esa voz. Quizás no a todos nos dice lo mismo, ni suena igual en todas nuestras cabezas, pero seguro que todos la conocemos. Es una voz que raramente se calla. Puedes aprender a ignorarla aunque seas consciente de que siempre va a vivir contigo. Es como si estuvieras con una persona muy tóxica, solo que  sin posibilidad de divorcio.

Yo he aprendido a hablar con ella.  He aprendido a preguntarle qué necesita y pedirle, por favor, que me deje un poco tranquila. Casi siempre me funciona. Aunque hay días en los que no cierra la puta boca. Esos días trato de ahogar sus gritos con otros ruidos. Ruidos que me resultan más positivos que sus llantos desesperados.  Y entonces se calma unas horitas. Pero eso no significa que ya se encuentre bien, pero por lo menos puedo volver a intentar razonar con ella.

Es como una relación tóxica, solo que en este caso, es contigo mismo. Y contigo tienes que convivir aunque no quieras.

Así que mi consejo es que deberías aprender a escucharte, hablar contigo mismo y sobre todo cuidarte.

Esquemas

Rompes todos mis esquemas y me sacas de los pocos lugares en los que puedo tener el control sobre mis sentimientos.

No quiero dejarme llevar, pero no puedo evitar pensar que me arrastras hacia donde tú quieres sin ni siquiera darte cuenta.

Y yo, sin quererlo, me he dejado llevar por tu marea azul.

Sin darme cuenta estoy flotando en un inmenso océano y pronto me encontraré a la deriva, sin rumbo, completamente perdida y preguntándome cómo me ha llevado tan lejos tu corriente.

VI.DESPERTAR

Me despierto entre jadeos, sudando. Así que todo ha sido una pesadilla, nada mas que eso, menos mal que ya me encuentro en casa.

Salgo de mi cama, algo desorientada todavía. Tengo que acordarme de cambiar las sábanas, estas están empapadas. No recuerdo qué estaba soñando, qué pudo haberme alterado tanto esta noche como para estar ahora tan nerviosa. No puedo evitar sentirme extraña aunque parezca que todo ha terminado. Si ya estoy en mi casa, ¿por qué me encuentro tan mal?.

‘¿Dónde esta mi pistola?’ pienso, mientras echo la mano instintivamente al primer cajon de la mesilla de noche. ¿desde cuando tengo yo una pistola?,¿para qué la iba yo a querer?. Todo esto es cosa de mi subsconsciente, anoche he dormido fatal y seguro que sigo conmocionada por todo lo que ocurrio ayer. Un funeral no es algo que se supere tan facilmente. Menos aun si es el funeral de tu hermano. 

¿Qué hermano?, yo no tengo ningun hermano. ‘ A ver si vamos espabilando, que parece que sigas dormida’, me digo en voz alta. Lo mejor será que vaya a la cocina y me tome un buen café, a ver si dejo de pensar cosas raras y desaparece esta extraña sensacion. 

Entro en la cocina y veo a mi madre, que ni se inmuta ante mi presencia. ‘buenos días’, saludo desde la puerta. No se gira, ni me contesta. Igual no me ha oido. ‘¡Buenos días!’, repito, esta vez mas fuerte. Silencio. Se gira y su cara no es como siempre. Es mas oscura. ‘Estas sugestionada’, pienso, ‘ves demasiadas peliculas de terror’. Y no se por qué, algo me hace querer esa pistola que buscaba antes. Pero no me dice nada, se vuelve a girar y sigue con lo que estaba, como si yo no estuviera aquí. 

‘¿qué estoy haciendo en el baño?,’ No recuerdo haber entrado en la ducha. No recuerdo ni haber salido de la cocina. ¿qué me está pasando?.

Ya estoy vestida, lista para hacer lo que tengo que hacer de una vez por todas. He encontrado mi pistola. Una Glock 40, la que usaba cuando estaba en activo. ‘¿Pero que estas diciendo?, ¿Cómo sabes tu eso?’, me pregunta una voz de mi cabeza. Nada de esto tiene sentido, ¿qué está pasando?.

De pronto todo sucede. Rápido, confuso. Mi madre tiene sus manos al rededor de mi cuello y aprieta fuerte. He perdido mi arma, está en el suelo pero no la alcanzo. Se ríe. Me desplomo y mi cabeza se golpea contra la dura superficie del suelo. Se me cierran los ojos y entremedias veo como se da la vuelta. Estiro el brazo todo lo que puedo, inlcuso más y noto la culata fria. La cojo y disparo. Dos disparos, un estruendo horroroso y ruido el ruido seco de una bala contra la carne. Me acerco con cuidado. Esta mujer no es mi madre, no se parece en absoluto a mi madre. 

Tengo que salir de aquí. Empiezo a pensar que todo esto no es mas que otro sueño del que aun no me he despertado y echo a correr por un pasillo que nunca se acaba y que cada vez es mas y mas estrecho. Llego a una puerta. Un cartel.

NO TE PUEDES DESPERTAR. ESTO NO ES UN SUEÑO

Y por fin

Me despierto

V.PARAÍSO

Creo que me he muerto. Cada fibra de mi cuerpo está en calma. No creo que pueda ser una sensación terrenal, el mundo, con su ritmo frenético no conoce esta sensación que me invade. Por eso, creo que me he muerto. 

No sabría decir donde estoy. Me acabo de despertar en una sala del todo desconocida y oigo que alguien me está hablando, pero no consigo distinguir qué me está diciendo. La lógica me dice que debería sentirme incómoda, agobiada pero esta sensación de calma es inalterable. 

IV.PURGATORIO

Todo a mi alrededor es fuego, pero a mi no me quema. Me he vuelto inmune al dolor. Salgo de entre las llamas, como otras veces he hecho y miro el inhóspito lugar en el que me encuentro. Desierto de azufre; un lugar en el que solo pueden habitar las peores criaturas. Y yo me encuentro entre ellas, sobreviviendo, adaptándome como he hecho siempre. Sé que en el fondo soy mejor y peor que cualquier criatura que se encuentre aquí. Cuando te familiarizas con lo peor que hay dentro de ti es imposible que nada te asuste. O eso creía yo.

Soy consciente de por qué he venido y lo que tengo que hacer. Para eso llevo años preparándome. Cueste lo que cueste. Ya he afrontado todos mis demonios. 

Subo las escaleras que me llevan al desfiladero donde, según me han dicho, se encuentran las peores torturas que uno se puede imaginar. Suerte que yo esas ya las he pasado y  no tengo nada que perder.  Respiro hondo y me encamino hacia el lugar al que tengo que llegar y que todavía desconozco. 

Una voz me invita a parar, a dejar ahora mismo lo que estoy haciendo, pero la ignoro y sigo adelante. “Soy mas grande que ellos”, me digo, “no pueden asustarte”.

La misma voz me grita, me insulta, me amenaza, intenta obligarme a rendirme pero no pienso dejar que se salga con la suya. 

– “Para ahora. Para y podrás salvarla”

Me detengo. ¿A quién se refiere?. Delante de mí, a lo largo del desfiladero, se materializan una serie de puertas con nombres encima. “Mamá”, “Papá”, “María”, “Lucía”,  “Abuela”, “Ana”…  Ana, el nombre que me congela en el sitio. ¿Qué significa esto?

– Mira dentro, ¿quieres mirar, no es cierto?. Mira y la salvarás.

La misma voz de antes, la que antes me amenazaba ahora se me antoja seductora, quiere que la abra y  me está costando resistirme.

“¿Y a quien no le costaría?”, me digo, “es tu hermana”. Era. “No seas estúpida, ya es tarde. Continúa”.

Avanzo hasta su puerta, no puedo evitar pararme delante, necesito mirar y oigo otra voz. Esta vez la voz es suave, silvante y por primera vez en años noto un escalofrio recorrer mi columna espinal. “Ni se te ocurra abrir la puerta, sal de aquí lo antes posible”. 

Quiero hacerle caso a la mujer que me habla pero mi cuerpo no me responde. Alargo la mano y abro la puerta. Alli está, mi hermana, el día del accidente, a punto de subirse al coche y sin pensarlo le grito que pare. 

Me mira y se detiene al momento. Le grito, le indico que salga de ahí, que me siga y puedo notar que algo va mal. Ella avanza hacia mí muy despacio. Parece que quiere correr pero no es capaz de moverse más deprisa. Está llegando y a mi alrededor todo empieza a derrumbarse. Las escaleras por las que subí antes se estan desmoronando causando unos fuertes temblores que hacen que pierda el equilibrio. Desde el suelo miro como ella sigue caminando hacia mi y le grito que corra, que no tenemos mucho tiempo para salir de aquí. 

Llega hasta mi y le tomo la mano. Echamos a correr por el desfiladero. Siempre corriendo hacia delante, atrás ya no queda nada. Corremos y corremos pero no parece que avancemos en absoluto. Mi perspectiva visual no alcanza a distinguir nada mas que la línea recta que seguimos.

Vuelvo a oír la voz que me quiso persuadir antes para que no llamase a mi hermana, pero no soy capaz de distinguir nada de lo que me dice. Lo único que podemos hacer ahora es seguir adelante y saltar.

Y saltamos.